miércoles, 28 de abril de 2010

Donde termina la laicidad y donde empieza la libertad de culto

Aunque pueda parecer lo contrario, el debate sobre el uso de elementos religiosos en espacios públicos lo llevo escuchando desde mis tiempos en los Salesianos de Málaga. Pero es verdad que en los últimos años ha adquirido rango de debate social que, en mi opinión, muchas veces mezclan churras con merinas lo que provoca la imposibilidad del debate sereno y abre la puerta a los discursos demagógicos, xenófobos y chauvinistas.
El marco teórico sobre la religión en España está claro y se recoge en el artículo 16 de nuestra Constitución, que para aquellos que lo hayan olvidado (o nunca lo hayan leído) dice lo siguiente:
1. Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.
2. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.
3. Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones
.”
En este artículo hay a mí entender dos elementos fundamentales: primero, que el estado carece de religión estatal, esto es que ninguna expresión del estado podrá exhibir elementos religiosos, y segundo que la manifestación religiosa solo tiene como límite el orden público.
Sobre el debate de crucifijos en las aulas, poco hay que hablar. Ningún continente público, es decir, propiedad del Estado y por lo tanto de cualquier administración (central, autonómica, local) puede mostrar elementos confesionales. Entiendo además, que los funcionarios públicos en el ejercicio de su función tampoco podrán mostrarlos, como son los profesores contratados por la administración en cualquiera de sus modalidades. Pero tampoco jueces, personal sanitario, ni el jefe del Estado. Claro que una vez que dejen de ejercer su función pública, en sus vidas cotidianas, podrán ejercer su libertad a manifestar su religión.
Otra cosa es el ciudadano, que tiene libertad completa “sin más limitación en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento de orden público protegido por la ley”. Por lo tanto, el uso de cualquier vestido, uso o costumbre que cualquier persona pueda desarrollar es decisión personal y respetable, siempre que mantenga el orden público, como puede ser un velo, una cofia, un uniforme, un pañuelo, una kipá, collares, aros, etc. y su uso nunca puede estar restringido, excepto, naturalmente, por cuestiones de seguridad o sanidad, por ejemplo.
¿Qué pasa entonces con el velo que usan algunas mujeres en el mundo islámico para cubrirse el pelo o hiyab? Está claro que legalmente no existe ninguna limitación como complemento de vestir, y como símbolo religioso, al no alterar el orden público, constitucionalmente no puede ser prohibido.
Ahora bien, existen normas legales o consuetudinarias que limitan determinados usos. En occidente, tener la cabeza cubierta en un recinto cubierto se ha considerado históricamente como una falta de educación. Hay una anécdota muy reveladora hasta qué punto era importante esta tradición. Durante la coronación de Carlos V como emperador del Sacro Imperio se produjo un grave conflicto cuando los Grandes de España, haciendo uso de sus prerrogativas, pretendían permanecer con la cabeza cubierta durante la ceremonia, mientras los príncipes alemanes tenían que estar descubiertos, Tensión que solo finalizó con la petición del futuro emperador para que los españoles transigieran y renunciaran a un derecho fundamental de los Grandes de España.
Considerar de mala educación permanecer con la cabeza cubierta bajo techo lleva a muchas instituciones a fijar la prohibición de usar gorras, sombreros, etc. En este caso sí sería lógica la prohibición del hiyab, pero no por cuanto elemento religioso sino como prenda de vestir. Claro que para ser creíble esta prohibición debería ser por igual para todos, incluidas monjas y sacerdotes, por ejemplo.
Estoy de acuerdo con la decisión del gobierno de la Nación de negarse a prohibir legalmente el hiyab porque sería ir contra la constitución ya que solo tendría sentido basándose en su uso religioso. Y me parece correcto que sean los centros, educativos, sanitarios, etc., los que establezcan sus normas internas de usos que, entre otras cuestiones y no la principal, regularan la posibilidad o no de estar con la cabeza cubierta.
Para finalizar, señalaré que a mi entender un argumento realmente contraproducente es el que compara las normas legales de países islámicos para impedir u obligar a seguir las costumbres españolas. Porque al hacerlo inconscientemente se compara una sociedad avanzada y democrática como la nuestra con sociedades en ocasiones medievales y sin garantías ni derechos humanos. Precisamente somos una sociedad decente porque defendemos el ejercicio de los derechos humanos y de la ley. Compararnos con ciertos países es una forma como otra cualquiera de insultarnos como sociedad.

domingo, 25 de abril de 2010

El regreso de la Memoria

La sociedad española observa atónita como un nuevo precipicio se abre a sus pies. La Memoria Histórica parece que ha desencadenado un torbellino de pasiones peligrosas, en el cual, como es humano, cada uno intenta arrimar el ascua a su sardina.
Tales dislates estamos leyendo y oyendo en los últimos meses, que me gustaría aportar algunas ideas que te ayuden a clarificar los debates.
Empecemos cronológicamente en el tiempo. En 1931, al abdicar Alfonso XIII, tras las elecciones municipales que dio una amplia mayoría a los partidos que abogaban por la república y por eso llamados republicanos, por motu proprio y en contra de los consejos de algunos de sus leales monárquicos, se abrió paso, de forma pacífica y sin fractura social, a la II República Española. Durante su existencia se sucedieron tres mayorías: la republicano socialista en un primer periodo, en la que se aprobaron la Constitución y las leyes más progresistas; la CEDA, que consistió básicamente en un periodo donde se intentó o produjo la “contrarreforma” de los gobiernos anteriores; y el Frente Popular, que apenas dispuso de unos meses para su desarrollo antes de que una parte de la jerarquía militar y de la alta burguesía, junto con la Iglesia Católica, promovieran un levantamiento militar que tras su fracaso se convertiría en nuestra Guerra Civil (a veces llamada Incivil por sus efectos) y que duró casi tres años (de julio de 1936 a abril de 1939).
A lo largo de esos casi tres años el gobierno constitucional intentó por una parte ganar la guerra y por otra mantener el control de su zona, rápidamente soliviantada por el rechazo social a los militares sublevados y a grupos revolucionarios más o menos organizados. Por su parte, los militares felones, rápidamente liderados por Francisco Franco, desarrollaron una campaña de terror y exterminio en los territorios que fueron ocupados, teniendo como ejemplo a Gonzalo Queipo de Llano y sus proclamas radiofónicas.
En ambos territorios se torturó, se robó, se confiscó, se asesinó. Es decir, en ambas zonas se produjeron miles, centenares de miles de víctimas inocentes.
La diferencia fundamental es que mientras en la zona “republicana” eso ocurrió contra la voluntad de la presidencia, el gobierno y las cortes, en la zona “nacional” fue instigada por las fuerzas militares con el objetivo de eliminar física, emocional y socialmente cualquier resistencia. La expresión más clara de ello la obtenemos de uno de los primeros y principales instigadores del alzamiento militar contra el gobierno constitucional, el general Mola, el cual proclamó el 15 de agosto de 1936 en Radio Castilla: “En resumen: ni rendición, ni abrazo de Vergara, ni pactos de Zanjón […] para los que alentaron a sabiendas una guerra de infamias, crueldades y traiciones, para esos jamás; antes la Justifica de la Historia, la nuestra, la de los patriotas, que ha de ser inmediata y rápida”.
Para los militares felones solo una justicia expedita que eliminara físicamente a los republicanos era aceptable. Y a ello se dedicaron durante y después de la guerra.
Por su parte, la voluntad de la República, expresada por su presidente Manuel Azaña durante su discurso en el Ayuntamiento de Barcelona el 18 de julio de 1938, fue la contraria: "Es obligación moral, sobre todo de los que padecen la guerra, cuando se acabe como nosotros queremos que acabe, sacar de la lección y de la musa del escarmiento el mayor bien posible, y cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, que se acordarán, si alguna vez sienten que les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen su lección: la de esos hombres, que han caído embravecidos en la batalla luchando magnánimamente por un ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: Paz, Piedad y Perdón.”
La victoria de los militares capitaneados por Franco se tradujo en la inmediata reparación de sus víctimas: empleos, pensiones, subvenciones, honores, etc. Durante años se persiguieron, juzgaron y en muchas ocasiones se ajustificaron a sus autores. Por el contrario, las víctimas de los franquistas y sus familiares siguieron sufriendo la discriminación, la pérdida de empleos, el expolio, la depuración, la prisión, e incluso el asesinato.
En 1975, año de la muerte del dictador, no solo no se habían reparado a las víctimas republicanas de la Guerra Civil sino que se añadieron muchas más a lo largo de los 36 años de gobierno totalitario. Decenas de miles habían sufrido cárcel entre 1940 y 1975, habían sido expedientados, disponían de antecedentes policiales, etc. Por ello, las fuerzas de izquierda exigieron como condición indispensable para cualquier avance la Amnistía. Es decir, la exigencia que a los acusados, perseguidos y condenados por cuestiones políticas durante la dictadura se le extinguiera su responsabilidad penal. Por ello, en 1977 se promulgó la Ley de Amnistía, que contra lo que hoy se pretende, no trataba de amnistiar los delitos producidos por la Guerra Civil, sino los producidos por las leyes franquistas, tanto para los acusados como para los acusadores.
Si leemos con detenimiento el artículo segundo lo podemos comprender: “En todo caso están comprendidos en la amnistía: a) Los delitos de rebelión y sedición, así como los delitos y faltas cometidos con ocasión o motivo de ello, tipificados en el Código de Justicia Militar; b) La objeción de conciencia a la prestación del servicio militar, por motivos éticos o religiosos; c) Los delitos de denegación de auxilio a la justicia por la negativa a revelar hechos de naturaleza política, conocidos en el ejercicio profesional; d) Los actos de expresión de opinión, realizados a través de prensa, imprenta o cualquier otro medio de comunicación; c) Los delitos y faltas que pudieran haber cometido las autoridades, funcionarios y agentes del orden público, con motivo u ocasión de la investigación y persecución de los actos incluidos en esta Ley; d) Los delitos cometidos por los funcionarios y agentes del orden público contra el ejercicio de los derechos de las personas.”
Es decir, con la Ley de Amnistía se “perdonaron” los delitos cometidos por las fuerzas de izquierdas (incluidos los terroristas) y de derechas (incluidos los terroristas) así como los perpetrados por funcionarios públicos por cumplimiento o no de las leyes franquistas, como políticos, jueces y policías, entre otros.
Durante los gobiernos de Felipe González se produjeron algunas reparaciones a las víctimas republicanas, como fueron indemnizaciones, reconocimientos del grado a los militares republicanos, etc, pero sin proceder a las terapias de recuerdos de "comisiones de verdad" donde se investigaran todos los crímenes cometidos. En este sentido, la Transición supuso el compromiso colectivo de todos de olvidar, a cambio de asegurar el futuro del país.
¿Quién rompió el pacto de la Transición en España?
Por un lado, la Iglesia Católica, comenzó en 1996 un proceso masivo de beatificación de sacerdotes asesinados entre 1936-1939 durante la Guerra Civil en la zona republicana (los fusilados por los franquistas no han tenido el mismo trato), víctimas y familiares que ya habían sido reparadas tras la Guerra Civil, como durante décadas se podía observar en las lápidas de tapias y descampados con los nombres de los sacerdotes fusilados en las zonas republicanas. La falta de tacto de la Iglesia Católica hacia los asesinados por los franquistas (muchos de ellos ni siquiera descansaban en tierra sagrada y continuaban en cunetas de todo el país), junto a una interesada política de reparación de las víctimas del terrorismo de ETA por parte del PP que sólo a ellas consideró "dignas" de recuerdo y reparación, provocó que muchos de los y las familiares que aceptaron en los setenta “olvidar” a sus muertos, decidieran dar el paso y exigir ahora su recuerdo y reparación.
Ahora el Partido Popular y la jerarquía de la Iglesia Católica no pueden alegar sorpresa. Con su actitud chulesca, prepotente, insensible y desarmada, despreciaron a centenares de miles de víctimas torturadas y asesinadas por instigación de la propia Iglesia Católica, los militares y la Falange, y provocaron la justa indignación de sus familias. Con todo, lo que se ha venido exigiendo era tan solo poder abrir las fosas comunes, identificar a los muertos y enterrarlos decentemente, y hasta esto se ha negado la derecha sociológica y religiosa de nuestro país. La actitud insensible y humillante de la Iglesia y del PP hacia las víctimas del bando franquista ha animando a sus familias ir más allá: no solo pedir recuerdo y reparación, sino también justicia con la identificación de los verdugos y asesinos. Vicente Aleixandre afirmó que “olvidar es morir”. No podemos olvidar, ni el terror de ETA y sus víctimas, ni el terror de la Guerra Civil y sus víctimas, también las torturadas, asesinadas y secuestradas en las zonas controladas por los militares felones y las cometidas después en todo el territorio nacional.
La jerarquía de la Iglesia Católica ha demostrado una vez más un egoísmo perverso y maligno al despreciar a las víctimas que no son suyas aunque sean víctimas de ella. La derecha sociológica española ha demostrado que su único interés es intentar “reescribir” la historia y evitar así la "mancha" del pasado fascista que le aleja de la derecha democrática europea.
Y una vez más, el centro liberal y la izquierda sociológica española deberá asumir la responsabilidad de la historia y sin dejar de honrar y recordar a sus muertos, pero sin odio ni rencor mandar a toda la sociedad un mensaje de paz, de piedad y de perdón.

martes, 13 de abril de 2010

Si yo fuera padre…

Si yo fuera padre y tuviera un hijo en un colegio, católico o no, me preocuparía por saber el protocolo de para la detección y tratamiento en casos de abusos de los menores por parte de otros alumnos o adultos (profesores, personal deportivo, etc.)
Si yo fuera padre y tuviera una hija en catequesis, me preocuparía por conocer cuáles son las medidas preventivas para detectar a los posibles pedófilos que puedan rondar por el grupo.
Si yo fuera padre y tuviera un hijo en un grupo scout, laico o católico, o en un club deportivo estaría ojo avizor para evitar que fuera objeto de abusos sexuales por parte de compañeros, monitores o directivos.
Afortunada o lamentablemente no soy padre. Pero me sorprenden los miles, millones de padres que ante la posibilidad de que en la Iglesia Católica se esté amparando, protegiendo y ocultando pedófilos, lejos de preocuparse de sus hijos, ataquen verbalmente de forma agresiva a los que sí se preocupan.
¿Qué tiene la religión que lleva a un padre o a una madre a renunciar a su mayor vocación y obligación, que es la protección de la integridad física y emocional de su hijo, por defender a una organización que a la vista de todos ha demostrado que no ha sido celosa en la denuncia y la persecución de los pederastas que se han escondido en sus filas?
Los argumentos que vengo escuchando en defensa de la jerarquía católica me parecen peregrinos.
Unos dicen que no todos en la iglesia son pederastas, y que solo representan una pequeña parte. ¡Naturalmente! Si se llegara a pensar que la mayoría de los sacerdotes son pedófilos la única solución sería disolver a la Iglesia Católica.
Otros justifican que en otros ámbitos también hay pedófilos, incluso más. ¡Evidentemente! Debe ser así ya que los sacerdotes es una parte muy pequeña de la sociedad. Pero si se pudiera comparar los porcentajes, posiblemente el tanto por ciento de sacerdotes pederastas es mucho más alto que su tasa en la población en general.
Los hay que invierten la acusación exigiendo que se culpabilice también al colectivo de profesores o de monitores deportivos, por ejemplo. ¿Quién ha escuchado a un consejero o ministro de educación dando órdenes de ocultar casos de pedofilia y proponiendo el traslado del pedófilo a otro centro? En cambio hay pruebas documentales e incluso confesiones de miembros de la jerarquía católica en este sentido.
También los hay que se suman a la declaración Tarcisio Bertone quien ha afirmado que sí existe vinculación entre homosexualidad y pedofilia y no entre ésta y celibato. ¿Y los hombres pedófilos occidentales que acuden a los prostíbulos de niñas en oriente son homosexuales?
La Iglesia Católica ha creado un universo que atrae y promueve los comportamientos sexuales más desordenados. Al demonizar el deseo sexual crea creyentes con grandes complejos y sentimientos de culpa que castran el desarrollo sano de la persona. Al promover el celibato y la castidad, aumenta los sentimientos de culpa de sus miembros ante el deseo sexual natural del ser humano, además de servir de refugio a aquellos hombres que pretenden ocultar su falta de interés hacia las mujeres, bien porque sean homosexuales, bien porque sean pedófilos. Al segregarlos espacialmente, separándolos de su localidad de nacimiento y en centros exclusivos de hombres y de mujeres, dificulta el lógico control social que la familia y los vecinos ejercen en la vida de cualquier ciudadano. Al dedicarse a la educación, se ofrece un trampolín perfecto para los pedófilos.
Todo este sistema atrae a los pervertidos sexuales, fomenta el trastorno afectivo-sexual, y favorece la creación de redes pedófilas de apoyo mutuo dentro de la Iglesia Católica que les permiten burlar la denuncia y el castigo. ¿Y cual es la respuesta de la Iglesia Católica?
Hoy sabemos que desde marzo de 1974, existe una "Instrucción" del entonces secretario de Estado, el cardenal Jean Villot, en la que se establecía que "En determinados asuntos de mayor importancia" entre ellos la pedarstía "se requiere un particular secreto, que viene a ser llamado secreto pontificio y que ha de ser guardado con obligación grave... Quedan cubiertos por el secreto pontificio..." estando obligados a dicho secreto "Los cardenales, los obispos, los prelados superiores, los oficiales mayores y menores, los consultores, los expertos y el personal de rango inferior, los legados de la Santa Sede y sus subalternos".
Es decir, hoy sabemos que si nuestros hijos sufrían abusos sexuales por parte del sacerdote que les educaba no solo no se dispararía un protocolo de detección, sino que se activaría un protocolo de ocultación y silencio. ¿Quienes entre los que han tenido hijos en colegios religiosos, clubes, asociaciones parroquiales, etc. pueden estar seguro que no han sufrido abusos los cuales han sido silenciados por una potentísima maquinaria de ocultación por voluntad de la Santa Sede?
Si yo fuera padre, siempre estaría preocupado por la integridad física y emocional de mi hijo, estaría sobre aviso en la guardería, el colegio, el club o sus amiguitos. Y si tuviera relación con la Iglesia Católica mucho más.
Y lo que me sorprende es que a miles, decenas de miles de padres responsables, no les preocupe en absoluto y sigan tan tranquilo dejando en manos de la Iglesia Católica a sus niños y niñas.

domingo, 11 de abril de 2010

La muerte de un cretino

Ya sabemos que es costumbre patria hablar solo bien de los muertos. Parece que la muerte es un salvoconducto hacia la bondad o la puerta a un miedo ascentral a la venganza de los muertos.
Pero en este caso hay que reconocerlo: el presidente polaco Kaczynski era un cretino y con su muerte el mundo es un lugar un poco mejor.
Los adjetivos que me atrevo a utilizar son amplios: homófobo, idiota, imbécil, soberbio, prepotente, reaccionario, tóxico.
Sobre las causas de su muerte, EL MUNDO ofrece un amplio abanico que muestra que el mayor responsable de la tragedia fue la propia estupidez del presidente polaco. "Kaczynski ordenó a su piloto aterrizar en Tiblisi en 2008 pese a los controladores - El presidente polaco fallecido hizo uso de sus facultades como comandante en jefe del Ejército para ordenar el aterrizaje" Este antecedente parece que puediera estar detrás de la insistencia del piloto de realizar cuatro intentos de aterrizaje a pesar de las órdenes de los controladores para que aterrizaran en otro aeropuerto por la mala visibilidad.
"Kech Kaczynski pronunció esta frase: ahora que he visto a un primer ministro ruso lamentar la matanza de Katyn, puedo morir tranquilo" (EL MUNDO – edición papel : 11 de abril de 2010, página 34). La propia formulación de la frase muestra la estulticie del que la emite.
"Pero es que, además, este viaje nunca debió producirse. Porque el miércoles ya tuvo lugar un acto histórico en Katyn de homenaje a las víctimas, presidido por el primer ministro polaco, Donald Tusk, y por Putin, con el que se trataba de iniciar una nueva página en las intrincadas relaciones entre Varsovia y Moscú. Kaczynski se negó a asistir por sus irreconciliables diferencias tanto con Tusk como con el Kremlin. Y decidió organizar una ceremonia alternativa ayer, que incluso le iba a privar de su intención de acudir al Bernabeu para ver el Real Madrid-Barça" (EL MUNDO – Edición papel : 11 de abril de 2010, Editorial página3).
Se demuestra que para el presidente polaco lo principal no eran las víctimas estalinistas sino su propia soberbia. Su inmenso ego albergado en tan pequeño cuerpo no podía aceptar compartir el homenaje con su propio primer ministro y Putin, sino que necesitaba su propia ceremonia acorde con su vanidad, importándole un pepino las víctimas.
Los dos hechos más conocidos en España de su presidencia han sido su boicot a la Constitución de la Unión Europea, aprobada por el pueblo español en su version original, y por las Cortes Generales en su versión reducida; y su empeño en perseguir a los gays y las lesbianas de Polonia.
Hablamos no solo de iniciativas legales para prohibir la promoción de la homosexualidad o cualquier otra desviación de los centros educativos con el despido, multas o el encarcelamiento, sino también de estupideces como la de promover una investigación para conocer si tras los Teletubbies se escondía una campaña de promoción de la homosexualidad.
Bajo su presidencia, miembros del gobierno y la mayoría parlamentaria han pronunciado frases como “No confundamos la propaganda brutal de la homosexualidad con llamamientos a favor de la tolerancia. Se trata de un tipo de locura, y en vista de esto, para ellos, nuestro gobierno será sin duda una noche oscura”, “Si los desviados comienzan a manifestarse, habrá que aporrearlos” o “Las prácticas homosexuales conducen al drama, el vacío y la degeneración”. Muy recomendable es leer la entrada “Homosexualidad en Polonia” que le dedica Wikipedia.
Su homofobia ha causado dolor y sufrimiento en miles, decena de miles de gays y lesbianas polacas. Un dolor causado de forma intencionada, planificada y voluntaria. En definitiva, el presidente polaco era un sádico homófobo, prepotente, paranoico, torturador y estúpido al que pudo más su soberbia que su inteligencia y responsabilidad. Los gays y las lesbianas del mundo estamos de enhorabuena. Con su muerte, las personas de bien debemos alegrarnos de que Polonia y Europa sean lugares un poco mejor.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Una eficaz gestión socialista

Cuando la derecha se ve incapacitada para vender su política bajo el paraguas de la distrubución y la justifica social, suele echar mano de una supuesta eficacia y austeridad en la gestión.
Por eso, la publicación en DIARIO DE SEVILLA de una noticia sobre los fondos estructurales de la Unión Europea publicada tras un estudio elaborado por dos profesores de la Universidad de Cantabria llama la atención: “Escaso efecto en el resto de las regiones españolas - Andalucía fue la única región en la que los fondos redujeron las diferencias económicas”. En el mismo sentido, el artículo afirmaba “Una de las conclusiones más sorprendentes del monográfico publicado por la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) es que, salvo en Andalucía, los fondos estructurales apenas cumplieron con su función: reducir las diferencias económicas en Europa entre las regiones más pobres.”
Por lo tanto, podemos afirmar a grandes rasgos que la gestión de los fondos europeos por parte de la Junta de Andalucía ha sido no solo eficaz sino además la más eficaz y casi la única eficaz.
Esta noticia me ha recordado otra publicada en EL MUNDO hace un par de semanas titulada “Cataluña, Comunidad Valenciana y Madrid, las más endeudadas” en la que relacionaba el ranking con Cataluña 22.605 millones de euros, Comunidad Valenciana, la del inefable Camps con 14.330 millones y la de Madrid, presidida por la “popular” Esperanza Aguirre con 11.576 millones de euros. Por detrás se encontraba Andalucía, con 9.840 millones, Teniendo en cuenta que eran datos del Banco de España y que de las cuatro las dos más pobladas y con mayores competencias que atender eran Cataluña y Andalucía, en comparación la gestión de el endeudamiento de la Junta de Andalucía ha sido el más eficaz.
En el mismo artículo señalaba los ayuntamientos con más deuda de España que encabezaba el de Madrid, presidido por el “popular” Ruiz Gallardón con 6.762 millones (el 23,5% de toda la deuda de las corporaciones municipales de España); el de Valencia, con la “populosa” Rita, con 835 millones; Barcelona, con el socialista Jordi Hereu, con 753 millones; Zaragoza, con el socialista J.J. Belloch, con 752 millones; Málaga, con el “popular” Francisco de la Torre con 738 millones; cerrando la lista de las ciudades con más 500.000 habitantes, Sevilla, con el socialista Sánchez Monteseirín, con 522 millones.
Teniendo en cuenta la deuda por habitante, los ayuntamientos con mejor gestión de la deuda son los socialistas, y en el caso de Andalucía, con Sevilla con una deuda casi la mitad de Málaga. Eficaz gestión socialista.
Alguien puede alegar que las Comunidads Autónomas más endeudadas lo hacen para prestar mejores servicios a sus ciudadanos. En absoluto. Según el Informe de Evaluación de la Atención Primaria en las Comunidades Autónomas (Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública – FADSP- Mayo de 2007) calificaba la andaluza y la catalana como aceptable, y en cambio señalaba como regular la valenciana y con serias deficiencias la de Madrid. Para 2010 el gasto sanitario per cápita en Cataluña será de 1298,84€, en Andalucía de 1180,09€, en la Comunidad Valenciana de 1122,79€, y Madrid de 1108,14€ (fuente FADSP). Madrid roza la mayor renta per cápita de España, baja los impuestos y la inversión en salud, y aumenta su endeudamiento: ¿una gestión eficaz del PP? Comprendo la cara de pena que habitualmente nos muestra Rajoy por televisión, porque de sus feudos (Madrid y Valencia) solo puede mostrar despilfarro, endeudamiento y corrupción.
Con este post no pretendo describir Andalucía como un nuevo Jardín de las Hespérides, y como muestra de ello te recomiendo la lectura del Primer Informe sobre Desigualdades y Salud en Andalucía, con un diagnóstico claro no solo sobre el sistema sanitario andaluz sino sobre la propia sociedad andaluza y sus desigualdades.

martes, 30 de marzo de 2010

Ser gay no es sinónimo de ser inteligente.

Ni de ser idiota, ni de izquierda, ni de derechas, ni bueno, ni malo, ni santo ni pervertido. El buen dios fue muy democrático y maricones los hay en todas las familias. Recordé esta afirmación que hacía en los Jueves de COLEGA Sevilla, las reuniones semanales de la asociación durante mi etapa de miembro de su Ejecutiva, al ver el grupo de Facebook “Se puede ser gay y de derechas”.
La orientación sexual no se elige, pero sí puede desarrollarse, o no. Ser heterosexual, homosexual o bisexual no es una opción sexual, es una condición natural del individuo. Pero su práctica sí lo es. Tener relaciones heterosexuales, bisexuales u homosexuales es opcional, independientemente de la orientación sexual del individuo.
Los estudios obsesivos tanto de gays para explicar su orientación como de homófobos para detectar, eliminar o curar a homosexuales, han fracasado inevitablemente. Más éxito ha tenido la observación del mundo natural para detectar la existencia de relaciones homosexuales entre animales de diferentes especies. La conclusión es que en el mundo animal el sexo no está exclusivamente unido a la procreación, dándose en mamíferos, ovíparos, insectos, etc. relaciones afectivo-sexuales entre ejemplares del mismo sexo. Según Bruce Bagemihl se han observado este tipo de comportamientos en casi 1500 especies, desde primates hasta parásitos intestinales, y está bien documentado para unas 500 especies. Y, naturalmente, también en los seres humanos.
La heterosexualidad, la homosexualidad y la bisexualidad han estado presentes en toda la historia de la humanidad. Y se observa que las sociedades que más la han rechazado son las natalistas, es decir, las que priorizan su aumento constante de población como base de su expansión territorial. En cambio, en aquellas sociedades sin una apuesta natalista, la diversidad de orientación sexual ha sido respetada e incluso promovida.
En occidente las tres religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e Islamismo) han sido muy beligerantes contra la homosexualidad, especialmente la masculina. Odio hacia los homosexuales que heredó las ideologías conservadoras y de izquierda en el siglo XIX. Tan solo el liberalismo, que primaba la libertad del individuo, incluida la sexual, mostraba un mayor respeto hacia gays y lesbianas.
La Inglaterra victoriana, el comunismo (“acabando con los homosexuales acabaremos con el nazismo” afirmaba Máximo Gorki), el nazismo, el franquismo, etc. elaboraron leyes y estrategias para la persecución y la eliminación social de la homosexualidad… con evidente poco éxito pero con unos costes inmensos para millones de personas.
Rodríguez Zapatero tomó en su día una decisión importante, no exenta de controversia dentro del propio Partido Socialista Obrero Español: modificar el Código Civil para obviar el sexo de los contrayentes y así permitir el matrimonio de dos personas del mismo sexo. Con ello, España se convirtió, como afirmó ZP, en un país un poco más decente. Esta decisión pilló con el paso cambiado a la derecha política, mediática y sociológica española. La iglesia católica se asustó por el efecto contagio entre los países católicos mediterráneos e iberoamericanos. Y los y las homosexuales y bisexuales de derechas han tenido que inventar sobre la marcha una autojustificación moral para seguir siendo homosexuales, de derechas y poner a caldo a ZP. Como la que podemos leer en la página del grupo de Facebook: “Si, se puede, porque somos muchos, no todos los gays son de izquierdas, y seamos sinceros, la mayoria que voto a zapatero fue por lo de las bodas gays... La realidad es que con el PP todos viviamos mejor (sic)”. ¿Mejor como ricos o mejor como gays?
Excusatio non petita, accusatio manifesta. ¿Quién afirma que para ser gay hay que ser de izquierdas? Ni un solo documento, ni un solo escrito de los centenares que he leído sobre homosexualidad lo dice. Pero cuando observas que un partido realiza una apuesta fundamental por la igualdad mientras otro esconde su homofobia bajo el paraguas de la tradición y la familia, cualquier gay, lesbiana y bisexual no puede dejar de identificarte más con uno que con el otro. Y esta contradicción es la que lleva al gay de derechas a convertirse en homófobo. Es el mismo principio psicológico que llevó al senador Roy Ashburn, homosexual casado con una mujer y padre de cuatro hijos, a promover políticas homófobas en California. Ser gay no es sinónimo de inteligencia. Pero ser gay y sentirse cómodo en el PP, sí es sinónimo de idiotez.
Como curiosidad, te recomiendo un montaje titulado Hidden History colgado en Youtube con fotografías de parejas gays desde finales del siglo XIX.

lunes, 29 de marzo de 2010

¡Estúpido! La idiotez es bajar los salarios

Tradicionalmente, refranes, fábulas y dichos han sido en la cultura popular una buena herramienta para comprender el mundo. Su olvido es el primer paso para desarmarnos frente a los que no los olvidan.
Un refrán que los y las trabajadoras podemos recordar en estos momentos es aquel que dice que “a río revuelto, ganancias de pescadores”. Porque la crisis económica, lejos de suponer una experiencia terrible para todo el país es una fuente inagotable de oportunidades para los más “listos”, que bien manejada supone pingues beneficios. Los patronos (que no empresarios) lo están teniendo claro, usando la crisis económica para modelar en nuestro país un sistema económico y unas relaciones laborales a su gusto, obviando el pacto constitucional de la Transición (derechos laborales, negociación colectiva y libertad sindical a cambio de libertad de empresa y propiedad privada). A tanto han llegado que hasta el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha tenido que declarar nulos los despidos de siete trabajadores de Muebles Peralta pues la crisis económica que alegó la empresa no puede convertirse en "un simple medio para lograr un incremento del beneficio empresarial".
Pero el patrono Francisco Peralta no está solo. Aprovechando el río revuelto, se están escuchando declaraciones por parte de las organizaciones de patronos sobre la conveniencia de bajar los salarios para salir de la crisis. Hace un par de semanas, el presidente de la Cámara de Comercio de Madrid insistió en este aspecto. Según EUROPA PRESS, “Santos Campano también coincidió con el planteamiento del presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, respecto a la necesidad de una reducción de los salarios en España para fomentar la competitividad y el crecimiento de la economía” Así parece que afirmó: "Yo creo que es algo que se está haciendo en las empresas. Hay muchas empresas de los medios de comunicación que se han bajado los sueldos para poder mantener la empresa y en el momento en que volvamos a recuperar la normalidad, volverán a estar (los sueldos) donde tienen que estar. Por lo tanto me parece una medida muy acertada siempre que vaya a tratar de salvar puestos de trabajo".
¿A quién no le parece razonable hacer sacrificios si es para alcanzar un bien aunque sea futuro? Lo malo es que bajar salarios no es sólo un sacrificio para hoy sino un desastre para mañana.
Los economistas norteamericanos Bowles, Gordon y Weisskopf ya nos advirtieron del fracaso de la política económica de derechas en Estados Unidos, a pesar de los esfuerzos de los medios de comunicación y los lobby para convencernos de lo contrario. En su libro “Tras la economía del despilfarro. Una economía democrática para el año 2000”, publicado en España por Alianza Universidad en 1992, afirmaban “… sería necesario aumentar significativamente el valor real del salario mínimo, aplicar enérgicamente las medidas de lucha contra la discriminación e igualar los salarios elevando los más bajo”. ¿Qué lógica encierra esta propuesta? “unos elevados salarios contribuyen al crecimiento de la productividad no solo ofreciendo a los trabajadores una zanahoria, sino también obligando a los empresarios a modernizarse o cerrar
Los argumentos de la CEOE de bajar salarios se enhebra con la baja productividad de la economía española. Pero a esta afirmación podemos responderles con lo escrito por Bowles, Gordon y Weisskopf: “el principal problema de la economía norteamericana no son los trabajadores de baja productividad, sino los puestos de trabajo de baja productividad” y existen y proliferan “porque la abundancia de trabajadores de bajo salarios (a menudo víctimas de la discriminación o incapaces de ejercer sus derechos legales debido a que son inmigrantes) permite a las empresas de baja productividad obtener beneficios” ¿Te suena?
La “revolución” económica de Aznar en los noventa, que Rodríguez Zapatero fue incapaz de corregir a tiempo, lo que llenó España fue de empleos de baja productividad que ofrecían bajos salarios pero que permitía a las empresas beneficios escandalosos.
En estos momentos, bajar salarios en España lo único que serviría sería para mejorar los márgenes de beneficios de las empresas, desincentivando la modernización de nuestro aparato productivo o provocando su cierre para aumentar la inversión donde sí es posible generar empleos de gran productividad. Seguir las recomendaciones de la CEOE significa "premiar" al gestor incompetente frente al empresario responsable, primar a los accionistas avariciosos en contra de los accionistas responsables, y, en definitiva, condenar a nuestro país a un futuro sin futuro.