sábado, 26 de marzo de 2016

Las tres negaciones de Kichi, o la mutación del revolucionario.



Que una vecina de Cádiz reviente el Pleno Municipal de Cádiz no es novedad. Y que el hecho se convierta en noticia viral, tampoco.

Ocurrió cuando Aysha Elmortada (palabrita de honor que es un nombre real) interrumpió el Pleno el 31 de marzo de 2014, cuando era alcaldesa Teófila Martínez, pidiendo que se cumplieran las promesas municipales de ayudas tras un desalojo. También cuando lo hizo Inmaculada Michinina (tampoco me he inventado el apellido, lo prometo) lo interrumpió el 29 de julio de 2013, pidiendo una licencia de venta ambulante.

Por eso no sorprende que sea otra vecina gaditana, Tamara Escarcena, la que el pasado miércoles 23 de marzo haya reventado el Pleno de Cádiz exigiendo el cumplimiento de la promesa del alcalde, José María González, más conocido en el gaditanismo por Kichi, de ayuda ante una difícil situación económica.

Estos hechos indignan tanto a los partidarios de un alcalde como divierten a los partidarios de la oposición. La hilaridad que las interrupciones de Elmortada y Michinina provocó en su momento entre los detractores de Teófila Martínez, solo fue superada por el cabreo de sus seguidores. E imagino que habrán sido los partidarios de la Teo los que anden desternillándose mientras los seguidores de Cádiz Si Se Puede estén que trinan.

Pero tampoco se trata de actuaciones que se produzcan exclusivamente en la Tacita de Plata, y en casi todos los ayuntamientos de capitales de provincia se han vivido situaciones parecidas. Es más, muchos colectivos lo utilizan como estrategia para visibilizar sus protestas: interrumpen el pleno, muestran carteles o eslóganes en las camisetas y a continuación abandonan el Pleno, una vez conseguida la foto que de inmediato se difundirá por redes sociales y medios on line.

La complejidad de su gestión es directamente proporcional a la duración y violencia verbal de la interrupción. En la mayoría de las ocasiones, la indicación del alcalde o el presidente del Pleno para que se abandone el salón es suficiente para que los protestones depongan su actitud. Pero a veces la pasión o la desesperación de los boicoteadores dificulta una solución decorosa.

Porque siendo un ejercicio de libertad de expresión, colisiona con otros mandatos legales que puede llegar a suponer una imputación por atentado a la autoridad.

De ahí la importancia de la cintura del dirigente municipal que sufre esta situación. Empatía, paciencia y humildad, con la cantidad suficiente de firmeza, son las virtudes que le ayudará a solventar la situación. Y hay que ir preparado para una situación así, ya que éstas situaciones son las que demuestran las fortalezas o debilidades de un dirigente.

Por eso sorprenden las palabras de Kichi ante la interrupción de Tamara Escarcena y su marido. Hay que reconocer que, por el vídeo que se ha difundido, el alcalde de Cádiz muestra cierta habilidad para no convertirlo en una situación tensa y desagradable: se acerca, deja hablar a Tamara y Juan Antonio, y tras unos minutos pide a la pareja que abandonen el Pleno. Pero toda esta gestión se quiebra con sus palabras finales, cuando afirma:

Por favor…. por favor… A la próxima que tenga que llamar la atención, voy a desalojar, lo siento, ¿eh?. Este Pleno… bien, bien, pero este no es el sitio. Este pleno está ahora mismo reunido aquí la soberanía del pueblo de Cádiz, y nadie puede interrumpirlo. Nadie. Sin excepciones. Nadie. Sin excepciones. Nadie. Sin excepciones. Nadie. Por favor. Silencio…

Dice el refrán que de la abundancia del corazón, habla la boca. La actitud de acercarse y aplacar los ánimos podía ser impostada. Pero la reiterada afirmación de que nadie, sin excepciones, puede interrumpir el Pleno (y que recuerdan a las tres negaciones de San Pedro), no.

¿Ha cambiado el poder a Kichi? ¿O se ha revelado la verdadera condición de José María González? En todo caso, estas palabras le radiografían y muestran una concepción política determinada y sorprendente, porque entra en colisión con el apoyo y la complicidad de su partido con estas situaciones cuando la alcaldía la ostentan alcaldes y alcaldesas de otras opciones partidarias.
        
Cierto que no es lo mismo prometer que repartir trigo. Cierto que no es lo mismo ver los toros desde la barrera que en medio del ruedo. Pero sobretodo, lo cierto es que no es posible ser o haber sido de los de abajo quien tan rápidamente se retrata como uno de los de arriba. 

sábado, 5 de marzo de 2016

La edición fantasma del Ideal Andaluz de Blas Infante



Hace años, tras descubrir el Ideal Andaluz de Blas Infante Pérez, me dediqué a intentar localizar todas las ediciones que de dicha obra se hubiesen realizado en España.

Era a final de los años 90, principios del 2000, cuando internet aún no tenía el vigor y la información que hoy conocemos. Por tiendas de libros usados, webs especializadas, y catálogos on-line de instituciones y bibliotecas de España y otros países de América y Europa, fui localizando, una a una, las distintas ediciones: la edición príncipe de 1915, la prologada por Lacomba y Tierno de 1976, y las sucesivas de la Fundación Blas Infante. Y, una a una, las fui adquiriendo, bien por compra, bien por regalo de algún amigo, como la de 1982 que tan amablemente me cedió Javier C.S.

Recibir por correo la primera edición del Ideal Andaluz de Infante solo fue comparable con el día que recibí la edición póstuma de la obra Últimas Flores de la sevillana Concepción de Estevarena. Una mezcla de ansiedad al abrir el paquete, de temblor al acariciar el libro, de júbilo por alcanzar un sueño tras una larga, larguísima búsqueda que había durado no menos de cinco años.

En aquellas búsquedas, en una página web que no recuerdo, encontré referencias a una edición de 1916, que nunca he podido encontrar en ningún catálogo. No la encontré en la Biblioteca Nacional, que sólo conserva las ediciones de 1915, 1982 y 2010. Tampoco la localicé en ninguna biblioteca pública del Estado, cosa que sí ocurre con la edición de 1915 conservada en la Biblioteca del Estado de Ceuta, en la Biblioteca de Andalucía (Granada) o en las municipales de Almensilla, Villa del Río, Los Corrales o en la Central de Jerez de la Frontera.
  
Por su parte, la búsqueda de la edición de 1916 en el Catálogo Colectivo delPatrimonio Bibliográfico Español (que incluye los fondos de un total de 800 bibliotecas públicas y privadas de todo el país) resultó igual de infructuosa, ya que si bien localicé la edición de 1915 en bibliotecas como la del Archivo Municipal de Sevilla o de la Central del Campus de Albacete de la Universidad de Castilla-La Mancha (con una dedicatoria de Infante), no apareció por ningún lado una edición de 1916.

Igual de frustrante fue la búsqueda en las bibliotecas de la Universidad de Sevilla, ya que su catálogo Fama sólo consta, con dos ejemplares, la edición de 1915; en la biblioteca del Congreso de los Estados Unidos tampoco la encontré; ni en GoogleBooks (que incluye millones de obras en su catálogo)
  
Por eso, cuando llegó a mis manos un ejemplar de la nueva edición del Ideal Andaluz, publicado en 2015 (con ocasión del centenario de su primera edición) por el Centro de Estudios Andaluces, me sorprendió descubrir que su página 91, además de las conocidas ediciones de 1915, 1976, 1982, 1994 y 2010, la edición de 1916, atribuida al Centro Andaluz de Sevilla.

Y a pesar de que en todos estos años no he encontrado ningún rastro físico de esta edición, su inclusión en la cuidadísima edición de 2015 (con prólogo del profesor Juan Antonio Lacomba -que ya participó en la edición de Túrcar de 1976 junto con el profesor Enrique Tierno Galván-, y estudio introductorio del profesor Francisco Garrido) no podía considerarse un simple error, y me convencí que debía corresponder a la existencia real de una edición en dicho año de la obra más importante de Infante.

En estos días he retomado la búsqueda de esa edición fantasma y he terminado encontrando una referencia de ella en la obra Repertorio bibliográfico sobre el “andalucismo histórico” de Manuel Ruiz Romero (Doctor en Historia Contemporánea y respetable estudioso de Blas Infante y su obra), publicada por el mismo Centro de Estudios Andaluces en 2008. En la relación que hace Ruiz de la obra de Blas Infante (página 21), incluye la edición de 1916, atribuida al Centro Andaluz de Sevilla y calificada como reedición (reed.), así como las de 1976 (Túcar), 1982 y 1994 (Fundación Blas Infante). Pero sorprendentemente no incluye la primera de 1915, impresa en Sevilla por Joaquín L. Arévalo.

La obra de Ruiz Romero llevó a ABC a publicar, el 10 de agosto de 2008, que el Repertorio editado por la Junta de Andalucía compila toda la obra científica sobre esta temática desde que en 1976 se editara la segunda edición de «El Ideal Andaluz» (la primera en 1916).

Pero a pesar de Ruiz Romero, la edición sigue sin poder ser localizada.

Finalmente, a pesar del respeto que me merece Manuel Ruiz, he llegado a la conclusión que la edición fantasma del Ideal Andaluz de 1916 no existe.

Posiblemente el error, comprensible por otra parte, se debe a la publicación en el número 7 de la revista Andalucía (diciembre de 1916) del Centro Andaluz de Sevilla, de un artículo titulado “El Ideal Andaluz”, que corresponde a la conferencia de Blas Infante sobre el regionalismo andaluz pronunciada en el Centro Obrero Republicano de Córdoba, y recogida por un periodista del Diario de Córdoba.    
     
En todo caso, esta cuestión debe resolverse lo antes posible. La integridad de la obra de Blas Infante lo exige.


Post Scríptum: el 10 de marzo de 2016, el profesor Manuel Ruiz Romero compartió en la red social twitter el siguiente tuit:



Por mi parte, agradecer, como no puede ser de otra forma, la rapidez y la profesionalidad del profesor Ruiz Romero, y dar por aclarada esta cuestión.